Con gratitud eterna para Gabriela Villafuerte: activista judicial
El concepto de activismo judicial es sumamente polémico, pues provoca puntos de vista opuestos y discordantes. Una persona activista judicial es quien tiene un papel activo en el ámbito jurisdiccional, sale más allá de los formalismos procesales y estrictos, pero a la vez basa sus criterios en los principios constitucionales. Así mismo, está atenta a los reclamos de la sociedad y tiene un importante compromiso con su tiempo.
Es esa persona dispuesta a salir de la caja y a aplicar la escucha atenta para entender y sensibilizarse con lo que pasa en las diferentes aristas de la situación que tiene en frente y que debe resolver.
Pero también es quien entiende que luchar por causas ajenas implica mejorar “el todo”, y esa totalidad incluye no solo a las personas y grupos que sistemáticamente se han invisibilizado y violentado, sino también a aquella mayoría que cree que está segura en el mundo. Me refiero a aquel grupo de personas que insiste en la heteronorma, en lo heterosexual y en todo lo homogéneo que se nos pueda ocurrir; porque estas personas que tienen miedo a los cambios lo sepan o no, también serán beneficiadas. Todos y todas anhelamos una convivencia incluyente y justa, nos gusta el equilibrio por el solo hecho que genera armonía en muchos aspectos de la vida en colectivo.
Una persona activista es quien sabe que una lucha implica nadar contracorriente y requiere de mucha fuerza, ya que los hábitos de aquellas personas a las que les asusta romper con lo establecido, son realmente abrumadores. Sin embargo, una persona juzgadora no podrá comprender en su totalidad, aunque ponga toda su voluntad, la mayoría de los temas que se le ponen a consideración en una denuncia. Frecuentemente solo la experiencia de vida, por ejemplo, el nacer dentro de ciertos grupos o circunstancias podría dejar en claro las necesidades que estos grupos aclaman. Por ello el activismo requiere de mucha disponibilidad para comprender, capacitarse y empaparse del contexto.
Por otro lado, un saludable activismo judicial debe estar totalmente fuera de ideologías personales, pero totalmente inmerso en sensibilidad, entendimiento de lo ajeno, del otro y de la otra y requiere de un profundo acto de consciencia y de pensamiento crítico.
Hay quien dice que debe también de estar fuera de lo emotivo o emocional, sin embargo, es importante notar que culturalmente se ha invalidado y se ha menospreciado nuestra naturaleza emocional que es auténticamente humana, y esta no podemos dejarla fuera de nuestro trabajo ni de nuestros razonamientos jurídicos. El luchar por las causas de otras personas requiere, sin lugar a duda, sensibilidad, compasión y empatía.
El activismo judicial no se trata de querer imponer nuestra propia visión frente al mundo, sino de priorizar los derechos humanos sin perder de vista el fin último del tejido constitucional y sus principios basados en las muchas voluntades sociales.
Es una vocación para quienes tengan disposición a apartarse de los formalismos, y apuestan por hacer un impacto en el contexto social, pagando el precio que tengan que pagar, porque siempre tiene un costo alto empujar los cambios que tengan un impacto social. Es para quien entienda su función como transformadores de la cultura jurídica.
Como dice el magistrado de sala Superior, Felipe de la Mata, las y los jueces constitucionales tienen que acudir a una fórmula de constitución transformadora para la consolidación de la democracia.
El activismo judicial es complejo y poco confortable, porque requiere de criterios interpretativos del andamiaje constitucional. Requiere una seria comprensión de lo que profundamente aspira el orden constitucional en un lugar y en un tiempo preciso, y un enorme entendimiento de que las sociedades son cambiantes y en esta era de cambio vertiginoso, una persona operadora jurídica debe ir siempre adelante, y debe saber salir de su condicionamiento y ver que hay una multidiversidad del otro lado del escritorio que reclama dignidad humana.
Mi admiración y mi gratitud por siempre a Gabriela Villafuerte por haberle inyectado tanto activismo y propósito a mi ejercicio profesional y al de muchas personas que siguen la consistencia de sus criterios dictados en sentencias y votos en su función como magistrada electoral.
Cárdenas, Jaime. (2007). Hacia un cambio en la cultura jurídica nacional. Boletín Mexicano de Derecho Comparado, 119, 295-324. https://doi.org/10.22201/iij.24484873e.2007.119.3917
Escuela Judicial Electoral (2022, 26 de septiembre). Transformar desde la Constitución . YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=EOxAu7TOq0c

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