De lo individual a lo colectivo
Revista Electoral Especializada ELECTIO Número 24
“Toda sociedad que destruye el tejido de su Estado no tarda en desintegrarse en el polvo y las cenizas de la individualidad”.
Tony Judt
Para que el proceso electoral federal 2024 sea equitativo y justo, es necesario, entre muchos otros factores, que el servicio público se enfoque completamente en cumplir la función que tiene encomendada y también que evite hacer lo que le está prohibido por el orden constitucional.
Pero ¿qué puede o no hacer el funcionariado público?, y también, ¿qué es lo que debe hacer? Hagamos una breve retrospectiva para que nos situemos en el momento actual: en los tiempos políticos de la primera década de este siglo, hubo una importante reforma político-electoral impulsada por la oposición después del impacto negativo que tuvo lo que se conoció como “la guerra sucia” durante el proceso electoral de 2006.1
Por ello, se introdujeron los párrafos 7 y 8 al artículo 134 constitucional, para regular la influencia en la equidad en la competencia entre los partidos políticos de las personas del servicio público en los tres niveles (federal, local y municipal), quienes, de acuerdo con el párrafo 7 de dicho artículo, tienen la obligación de aplicar con imparcialidad los recursos públicos que están bajo su responsabilidad.
A su vez, el párrafo 8 de dicho artículo, establece que cuando se difunda propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social -los criterios del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) incluyen a todo lo que ocurre en las redes sociales-, de los tres órdenes de gobierno, esta deberá tener carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social y no permite que esta propaganda incluya nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier persona servidora pública.
Dicha modificación constitucional reguló la comunicación política y en su evolución, provocó que en 2014, se creara una nueva Sala en el TEPJF: la Sala Regional Especializada, encargada de vigilar el cumplimiento del modelo de comunicación política para evitar, entre otros aspectos, que el funcionariado público utilice recursos humanos, materiales o financieros a su alcance con motivo de su encargo, para influir en las preferencias electorales de la ciudadanía, ya sea a favor o en contra de un partido político, aspirante o candidatura.
Se suma a este propósito el artículo 41, Base III, apartado C, segundo párrafo de la Constitución que establece que durante las campañas electorales se debe suspender la difusión, en los medios de comunicación social de toda la propaganda gubernamental, con sus excepciones expresas:
- Las campañas de información de las autoridades electorales,
- las relativas a servicios educativos y de salud,
- o las necesarias para la protección civil en casos de emergencia.
Lo que puede hacer o no hacer el servicio público durante las contiendas electorales está centrado principalmente en las obligaciones, libertades y restricciones de estos dos artículos constitucionales (134 y 41).
La Sala Especializada ha dedicado gran parte de su función desde que se creó, a darle congruencia e interpretación a estos artículos, sobre todo porque sigue pendiente la regulación normativa secundaria del artículo 134.
Es claro el mandato constitucional: evitar que sea usada la poderosa maquinaria del Estado para desequilibrar una contienda electoral, porque solo evitándolo hay posibilidad de cumplir con el principio de equidad en los procesos electorales.
Sin embargo, todo este engranaje constitucional y toda la labor jurisdiccional del TEPJF, no sería necesaria si las personas funcionarias públicas conectaran con el sentido hondo de su función, ese que está mucho más enraizado con la vocación del servicio, con el auténtico compromiso, ese que indiscutiblemente está conectado con beneficiar al colectivo.
Para entender esta forma de vivir el servicio, resulta útil traer a esta reflexión la manera de organización de los pueblos y comunidades indígenas; en efecto, en la visión de las personas pobladoras de nuestro territorio en los orígenes, para adquirir una posición de mando en sus comunidades, es necesario que las personas demuestren durante muchos años, que tienen la capacidad y la voluntad de servir.
Las y los originarios llegan a tener un cargo gracias a sus méritos y para poder desarrollar las obligaciones que se les encomiendan, ponen toda su energía vital e incluso la de su familia y círculos cercanos, y lo hacen por el bienestar de su comunidad.
Este servicio muchas veces resulta ser, no solo no remunerado, sino más bien oneroso; son retribuidos solo por el reconocimiento y por el sentimiento recíproco de solidaridad comunitario, que, para ellos y ellas, es muy importante.
Ser autoridad en las comunidades indígenas, desde su visión, no tiene que ver con la ambición política, económica, dedazo, amiguismo, nivel de estudios, ni tampoco con la persona; se trata solo, y exclusivamente, del nivel de servicio que hace y que ha demostrado ante su comunidad, de esta manera tal y como dice Juan José Rendón “el poder es un servicio, un poder que cuando se tiene se convierte en únicamente obedecer, cumplir y trabajar” (Rendón, 2003, p. 135).
Claro que tienen sus recompensas, pero son muy diferentes a las que se persiguen en el pensamiento individualista occidental, las personas originarias buscan honor, prestigio y el reconocimiento comunitario, esto implica que por estas razones también les den valor a sus palabras, por eso muchas veces su normativa interna no está escrita, porque su palabra vale.
Por lo tanto, sus palabras no se convierten en “promesas de campaña”; en cambio en el sistema occidental, al hacer campaña las personas candidatas pueden prometer lo que sea, y al llegar a los cargos públicos, pueden hacer totalmente lo contrario de lo prometido y sin consecuencia alguna, y eso provoca un sentimiento de total desvinculación con la ciudadanía y a la vez provoca antipatía de la sociedad a todo lo que le implica la política, un círculo vicioso difícil de romper.
El investigador Juan José Rendón, coloca al servicio comunitario, como un tema transversal: “no se puede dejar de servir a la comunidad, aunque desaparezcan otros elementos”, dice. El servicio es, en efecto, un elemento estructural. Es a través de este que las personas originarias pertenecen a sus comunidades, pertenecer a lo propio y a lo colectivo (Rendón 2003, p. 15).
Es entonces el mérito el que les da la posibilidad de asumir un cargo, es decir, los puestos de mayor importancia son reservados para quien haya servido más y mejor. Los que destacan en su servicio, es un sistema basado en el reconocimiento de los méritos,2 con su sistema de cargos y les da derecho para participar en la organización política y ser elegidos/as; todos y todas deben participar en el sistema de cargos con idénticas posibilidades de ascender en la escala.
Es así como, “en la democracia interna de los pueblos y las comunidades indígenas, el servicio es la razón de ser de los cargos tradicionales” (Bustillo, 2016, p. 43), es decir, la aptitud, capacidad, compromiso para el servicio es el valor más importante de la comunidad que permite que sigan funcionando sus asambleas, ese lugar en donde se pone en práctica la democracia deliberativa y, por lo tanto, produce reconocimiento entre sus miembros y el derecho a tener un cargo.
Esto lo entienden muy bien las personas pobladoras originarias, pues es parte de su formación desde sus infancias cuando son cargados/as en el rebozo, observan como las personas adultas de su comunidad construyen la vida en una constante ayuda mutua, observan el coexistir y construyen, de esta forma, su manera de enfrentar los retos de la vida en lo que llaman la mano vuelta, el tequio, la faena, la guelaguetza, el tequil, la gozona, etcétera.
Lo que aprenden y practican desde antes de nacer es que el trabajo en comunidad siempre logra más y mejor para aportar al todo, pues la participación de la voluntad de muchas personas crea un campo de creatividad de energía vital, porque cada uno y cada una, hace una aportación con su talento único para obtener un resultado exponencial para beneficio de algo más grande y más bello de lo que la individualidad podría hacer por separado.
El trabajo desde su mirada solo tiene sentido cuando se hace para servir a otras personas; el trabajo no es una mercancía o una manera para pagar las deudas, ni tampoco para tener poder, o movilidad social como suele suceder en nuestra cultura.
De esta forma, si en este momento histórico en que el mundo se convulsiona y el planeta se sacude, las personas que ejercemos un cargo público (de elección popular o no) pudiéramos encontrar un sentido de vida en el servicio, seguramente éste tomaría un propósito superior y por lo mismo proporcionaría mayor satisfacción. Una base filosófica nutre el alma, y desde esta plataforma el trabajo se convierte “en algo creativo, en energía transformadora, formativa y no esclavizante. No es un mecanismo de enriquecimiento” (Rendón, 2003, p. 113).
Para Max Weber, las formaciones sociales “no son otras cosas que desarrollos y entrelazamientos de acciones específicas de personas individuales, ya que solo estas pueden ser sujetos de una acción orientada por su sentido” (1922, p.12), ese sentido sin lugar a duda, es el beneficio común.
La economista británica Noreena Hertz habla de la crisis soledad del siglo XXI, este sentimiento de aislamiento dice, daña todo, nuestra salud, nuestra economía, nuestra felicidad e incluso nuestra democracia. Viene a tema porque la manera en que actualmente las sociedades se sienten tratadas por sus gobiernos, es un factor que contribuye a que se sientan cada vez más solas. “Es triste sentirse desprotegido, invisible e impotente” (Hertz, 2022, p. 24), menciona la autora del libro “El siglo de la soledad”. Por ello, para sanar nuestra sociedad fracturada y pulverizada, es necesario restaurar las conexiones de las personas funcionarias públicas con las necesidades de la ciudadanía.
En efecto, “la naturaleza ha querido que el hombre sea sociable, y para asegurar tal fin ha dotado a cada individuo de un instinto que lo mantiene adherido a la comunidad”. (Ramos, 1990, p. 202), tendremos que volver a las “cualidades de la compasión, la búsqueda del bien común y la solidaridad” (Hertz, 2022, p. 26).
El México profundo del que habla Guillermo Bonfil3 tiene siglos trabajando en comunidad, a través de muchas fuerzas que están conectadas entre sí, y el México colonial trabaja en un individualismo ilimitado y en una clase de competencia sin medida ni significado, en consecuencia, pareciera que hoy por hoy, está más organizado el crimen, es alarmante pues esta desconexión nos tiene sumergidos/as en una crisis social y ambiental sin precedentes.
Nos convendría permitirnos ser guiados y guiadas por la sabiduría ancestral y que podamos hacer resurgir los vínculos con todas, con todos y con todo, incluida la tierra y lo natural que hay en ella, como lo hacen las personas que mantienen la visión de nuestros pueblos originarios, y hacer de nuestra vida un constante servicio, más aún si formamos parte del funcionariado público. Esta idea hace mantener viva la esperanza de hacer este país un lugar más seguro, más habitable, más justo y sobre todo más humano, en donde podamos vivir la vida que elijamos de manera digna y en el que la palabra democracia se llene de contenido. Cada uno de nosotros y nosotras tiene un papel decisivo para lograrlo.
Referencias
Bailón Corres, Moisés Jaime y Brockmann Haro, Carlos. (2011). Los pueblos indígenas de México y sus derechos: Una breve mirada. Comisión Nacional de los Derechos Humanos.
Bonfil Batalla, Guillermo. (1987). México Profundo. Secretaría de Educación Pública.
Bustillo Marín, Roselia y García Sánchez, Enrique Inti. (2016). Tequio, expresión de solidaridad. Requisito para ejercer los derechos político-electorales en las comunidades indígenas. Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación.
Fernández-Vega, Carlos. (2022, 16 de noviembre). México SA. La Jornada. https://www.jornada.com.mx/notas/2022/11/16/economia/mexico-sa-ayer-delincuentes-hoy-democratas-guerra-sucia-contra-lopez-obrador-elecciones-2006-y-propaganda-ilegal/
Hertz, Noreena. (2022). El siglo de la soledad: Recuperar los vínculos humanos en un mundo dividido. Paidós.
Ramos, Samuel. (1990). Obras completas I. Hipótesis. El perfil del hombre y la cultura en México. Más allá de la moral de Kant. Universidad Nacional Autónoma de México.
Rendón Monzón, Juan José. (2003). La comunalidad. Modo de vida en los pueblos indios. Tomo 1. Dirección General de Culturas Populares e Indígenas.
Weber, Max. (1922). Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva. Fondo de Cultura Económica.

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